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Alarmista

Llegas con tu presencia Fingiéndote desapercibida Y toda de bajo perfil Paseándote por los pasillos Deteniéndote en algún estante Con un aparente interés En cierta hilera de libros Tomas uno en tus manos Y simulas no estar allí Encerrando la música en tus oídos Sellándolos con los audífonos Inexpresiva, crees tú Casi invisible para ti Lees detenidamente el prologo Y luego lo regresas a su lugar Continúas tu viaje en el anaquel Ahora con otro libro en tu mano Pareciera ser el ganador Lo sujetas en tu brazo con fuerza Como si se pudiese escapar Mientras paseas tu mirada Buscando algo más Lo consigues y caminas a la caja Casi con expresión de tristeza Invadida de la nostalgia De quien no quiere terminar de viajar Pagas y abres la puerta a la calle Golpeando el aire en tu partida Dejando la estela atrás De tu presencia alarmista Con que perturbas cada lugar Sin siquiera dejar escuchar tu voz.

El Caracol

Crónica de una metamorfosis equivocada El miro su caparazón de caracol y su interior, y entonces concluyo que era una crisálida. Así que con paciencia subió a la rama de un árbol y espero hasta la muerte a ser una mariposa y poder volar.  }nr{

El ladrón

Ninguna ciudad escapa hoy en día a la inseguridad y la de ella sin duda no era la excepción. Caracas se había convertido en una de las Ciudades con mayor índice de inseguridad y ella vivía en medio de esa paranoia, preguntándose siempre si a eso se le podía llamar vivir. Algunas veces hasta el simple traslado a alguna zona cercana se podía transformar en la situación más transcendental de su vida, al solo pensar en el riesgo que representaría el estar presente durante algún atraco en la camioneta por puesto, lo que ella llamaba la ruleta rusa, nadie sabe cuando le tocara. Muchas veces en la mañana podía salir con un rumbo definido, pero sin decidir cómo llegar a el. Una vez en la calle se dejaba llevar por sus pies, que siempre terminaban dirigiéndola al mismo lugar, el Metro. Conocía muy bien los riegos que esto implicaba, pero estaba dispuesta a cargar con las consecuencias, había pasado tantas veces por ello. Los empujones, pisotones, la presión una vez adentro del vagó...

Calle Bogotá

No recuerdo haber disfrutado tanto de pasar por una calle en las mañanas como por la calle Bogota, mucho menos de camino a la Oficina. Nada comparable a hace un año en la antigua Oficina, con su lucha libre para bajar del tren y después el aprisionamiento para subir la escalera y salir de la estación. Luego el encuentro con la mezcla de buhoneros y caminantes apurados para no llegar tarde, entre ellos más de un ladrón colado buscando lo que no le pertenece. Como complemento, los malos olores de la calle y la vistosa suciedad de esta, causa todos ellos de la menor emoción posible al día. Eso era lo que se podía ver y oler en el sector.  Solo las escapadas al casco histórico de la zona podían resultar en un oasis un día cualquiera. Nada comparable sin duda con lo que disfruto hoy. Los olores regados de alguna planta de la época  grama recién cortada, algunas ramas recién podadas aromatizando la basura. El perro moviendo su cola y el anc...

Gregorio

Solo en el patio, observa las rejas oxidadas y las paredes envejecidas. Recuerda los tiempos en que los niños jugaban a su alrededor, sus rizas, sus cantos, sus carreras en tropel cuando sonaban las campanillas del heladero. Siente que fue ayer cuando los pequeños se balanceaban en el improvisado columpio, armado con un mecate y un viejo caucho. Añora profundamente las noches en que los pequeños se recostaban con sus padres en la grama a mirar las estrellas. Todo aquello parece haber quedado en el pasado, una vez que todos crecieron y partieron en diferente dirección. Al principio de quedarse solo se entretenía mirando en el cielo los dibujos de las nubes. Le gustaba creer que los hacían para él. Al amanecer, al igual que al atardecer, su deleite era observar el Avila a lo lejos, siempre como una amorosa madre, con sus cumbres vigilantes e imponentes. Ahora, desde que los edificios crecieron, ya ni la montaña lo logra consolar y hasta por la lluvia se siente ignorar. Las es...

Jorge y Leticia

Jorge camina de regreso de la panadería, mientras no deja de mirar atrás. Lleva las bolsas del pan y mira, mira, no deja de mirar a atrás. Leticia, menuda, pequeña, continua caminando. Cada tres pasos voltea hacia atrás. En la esquina, espera el cambio de luz del semáforo. Ahora se engancha al brazo de su madre, quien sostiene a su hermano del otro lado. Con su cara menuda, Leticia mira, mira, no deja de mirar hacia atrás. Cambia la luz del semáforo y Leticia con su madre camina, pero cada dos pasos voltea hacia atrás e insistente mira, mira, no deja de mirar. En la esquina, un extraño observa la escena. Lo ve a él, a Jorge, mientras camina mirando hacia atrás, cargando la bolsa de pan en la mano. También espera que cambie la luz y mira a Leticia, colgada del brazo de su madre. Cambia la luz y atraviesa la calle un poco más atrás que ella, observa a Leticia, la insistencia de su mirada. Leticia camina mirando hacia atrás, mientras Jorge no deja de mirar. Est...

El espejo

Esta mañana al levantarme y pasar cerca del espejo, vi una silueta reflejada. Volví unos cuantos pasos y observe detenidamente la imagen en el espejo.  Con sorpresa descubrí, que había vuelto a ser Yo otra vez. Observe cada detalle en el espejo. La piel se notaba marchita, los cabellos más largos y de otro color, pero los ojos seguían siendo los mismos, sin duda era Yo. Después de tantos años me había decidido a regresar. Ante la sorpresa del día quise salir, caminar, ver si el cielo también había vuelto a ser el de hace muchos años atrás.  Abrí la puerta y al pisar la acera los pasos parecían pesar más, los pies solo se podían arrastrar y al intentar bajar los escalones creí caer a un vacío  empujada por el peso y por la falta de esfuerzo en mí. Después de bajar dos escalones decidí volver atrás, entrar a casa y cerrar la puerta. Regrese al espejo y observe de nuevo. El reflejo se notaba igual a unos minutos antes, no había cambiado nada. Volví a ...