Federico
Recuerdo bien aquella primera conversación, interrumpida solo por lo tarde de la noche, por el exceso de las horas, lo obligante del día siguiente, aquella exploración en palabras de nuestras vidas ajenas hasta ese momento. Fue inquietante lo que paso después, y ya entonces debí darme cuenta de que algo no estaba bien. El hecho de que durante el día me vinieran a la mente fragmentos de nuestra conversación, no era normal. Eso ya me lo tenía que haber dicho, que esto no estaba bien. Preferí sosegar la inquietud con el trascurrir de nuestras conversaciones y con el falso convencimiento de que todo era normal. Y en el avance de nuestras pláticas tú osabas a pensar que eras la inspiración de mis poemas y yo en mi vanidad llegue a creer que algo me decías en cada canción que querías que escuchara. Te toco padecer lo inclemente que puede ser mi sinceridad en algunos momentos, cuando sin titubeos te dije claramente que no eras tú en mis poemas, peor aún el hacerte saber que era algu...